Reales y Militares Órdenes

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Reales y Militares Órdenes



Desde la Baja Edad Media todo título, honor y preeminencia, en definitiva todo premio, tenía como origen la Corona. Dichos honores premiales estaban reservados a la élite de aquella sociedad, es decir a la Nobleza.

En la cúspide de los honores se encontraba la concesión de la Grandeza de España y los Títulos Nobiliarios pero era la concesión de un hábito de cualquiera de las Órdenes Militares españolas la que premiaba los méritos y servicios de la nobleza mediana con el carácter de una verdadera condecoración. Con el tiempo y debido a esta “tradición”, para el ingreso a cualquiera de las Órdenes era condición indispensable presentar pruebas nobiliarias severas.

Las Reales y Militares Ordenes, únicas que como tales existen actualmente en España, son las de San Fernando (1811) y la de San Hermenegildo (1814). Fueron las primeras condecoraciones de “mérito” que se crearon, es decir, estaban abiertas a todo aquél que las mereciese, sin atender a razones de nobleza, clase social o riqueza, ni siquiera de graduación. La primera premia el valor militar y la segunda la constancia en el servicio y la intachable conducta en el mismo. La creación de estas Reales y Militares Órdenes produjo un lento pero imparable cambio en el sistema premial español; las distinciones de Grandeza y Títulos Nobiliarios se perpetuarían pero algunas de las viejas Órdenes irían suprimiendo el requisito de la nobleza de sangre.

La Real y Militar Orden de San Fernando se creó con cinco clases de Cruces para premiar el valor heroico y el muy distinguido, manteniéndose así hasta 1918 en que se suprimieron de la misma las recompensas a las acciones muy distinguidas, por haberse creado a su vez la Medalla Militar, que sustituía a las suprimidas Cruces de San Fernando de 1ª y 3ª Clase (5º Reglamento). En el año 2001 se aprobó el 8º Reglamento de la Orden, en el que se vuelve a dar cabida a las recompensas al valor muy distinguido, ingresando por tanto en la misma los Caballeros Medallas Militares.

La propuesta inicial para recompensar la constancia en el servicio y la intachable conducta, fue la de premiar estas circunstancias con la Orden de San Fernando. No prosperó, pero provocó la creación de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y en enero de 1815 se aprobó un reglamento único, conjunto para ámbas órdenes. El segundo reglamento, también conjunto, tenia articulado propio para cada Orden y desde el tercero cada Orden tiene su Reglamento específico y en fechas distintas.

En la actualidad la Real y Militar Orden de San Fernando mantiene como condecoraciones, la Gran Cruz Laureada, la Cruz Laureada, la Cruz Laureada Colectiva, la Medalla Militar y la Medalla Militar Colectiva. Dada las características de concesión de estas condecoraciones, no se producen ingresos en la Orden desde hace muchos años, con la excepción producida en el año 2001 por la inclusión de la Medalla Militar en la misma. Es por esto que hoy el número de Caballeros pertenecientes a la Orden sea muy escaso. A inicios de 2008, los Caballeros Laureados individuales han fallecidos todos y sólo queda medio centenar escaso de Caballeros Medallas Militares individuales, con una edad muy avanzada.

Para paliar los problemas de gobierno que el hecho anteriormente citado provoca en la Orden de San Fernando, la Asamblea Permanente y la Cancillería de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo son las encargadas de llevar a cabo todos los asuntos relacionados con la Real y Militar Orden de San Fernando, bajo la presidencia del Gran Canciller de aquella.

En definitiva, toda relación institucional con cualquiera de las dos Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo se hace a través del Gran Canciller de ésta, teniendo en la actualidad ambas su sede (Asamblea y Cancillería) en la calle Princesa nº 36 de Madrid.

El Soberano de ambas Reales y Militares Órdenes es Su Majestad el Rey.

 
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